Cuando se estudia la calidad del aire de un edificio, un Técnico Superior de Calidad Ambiental de Interiores (TSCAI) aplica el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), la UNE 171330 o la UNE 13779.
El RITE establece las clases de filtración mínimas a emplear en función del nivel de calidad del aire exterior (ODA), que es el aire que entra en el sistema procedente del exterior antes de cualquier tratamiento, y del nivel de calidad del aire interior requerido (IDA) que se elige en función del uso al que esté destinado el edificio objeto de estudio y como único objetivo el de proteger a sus ocupantes.
La ODA de un determinado entorno se obtiene comparando la concentración de contaminantes del aire ambiente de ese entorno con la concentración límite de protección de la salud que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la publicación de valores guía y/o la legislación española para ese contaminante de interés o de estudio.

Según RITE, la calidad del aire exterior (ODA) se clasifica en tres niveles:
- ODA 1: aire puro que se ensucia sólo temporalmente (por ejemplo, en temporadas de polen).
- ODA 2: aire con concentraciones altas de partículas y, o de gases contaminantes.
- ODA 3: aire con concentraciones muy altas de gases contaminantes (ODA 3G) y, o de partículas (ODA 3P)
Las sustancias contaminantes que se determinan en la mayoría de las estaciones de medida son los siguientes:
- Partículas en suspensión
- Monóxido de carbono
- Dióxido de azufre
- Óxidos de nitrógeno
- Ozono
La calidad ambiental en el interior de un edificio puede llegar a ser hasta 10 veces mayor que la que existe en el exterior, si bien la mayoría de los contaminantes se generan dentro del edificio una parte de ellos proviene del exterior. Una deficiente filtración, escasa o nula circulación del aire y su no eliminación hace que las concentraciones de estos se disparen provocando disconfort y enfermedades.
Aquí debemos definir el “Síndrome del Edificio Enfermo” (SEE) que según el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INNS) define como “el conjunto de síntomas diversos que presentan, predominantemente, los individuos en estos edificios y que no van en general acompañados de ninguna lesión orgánica o signo físico, diagnosticándose, a menudo, por exclusión”.
Algunos expertos además apuntan a que puede afectar al funcionamiento psico-neuro-inmunológico y descontrolar el funcionamiento de todo el organismo, incluidos el sistema digestivo y la función respiratoria, y causar alteraciones en la presión arterial y la temperatura corporal.
Los grupos de población potencialmente más vulnerables a la contaminación del aire interior son los niños, las mujeres embarazadas, los ancianos, y las personas que padecen enfermedades cardiovasculares o respiratorias.
El Ayuntamiento de Madrid activa su protocolo para episodios de alta contaminación, fijando su atención en dos factores, el NO2 y las previsiones meteorológicas. De manera que cuando se superan determinados niveles y no prevé que vaya a haber lluvia o viento que pueda disipar el NO2 el protocolo se activa, si estos u otros episodios de alta contaminación coinciden con épocas de calor sofocante como la que estamos acusando actualmente, la primera acción que acometemos cuando llegamos a casa después de estar cerrada todo el día es abrir las ventanas para que entre “aire fresco”, el problema que junto con él estamos introduciendo contaminantes en nuestra casa.
Por esto es tan importante reducir la contaminación de nuestras ciudades, ya no sólo porque la estamos respirando cuando estamos en la calle, sino también por la que se “cuela” en nuestros hogares, centros de enseñanza, de ocio o de trabajo y que respiramos mientras trabajamos, comemos o descansamos plácidamente en nuestra casa.

La ONU, Acción por el Clima publicó que en octubre de 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó en un informe que el 93% de los niños y niñas del mundo respiran aire contaminado cada día. De acuerdo con este informe, 1,8 mil millones de niños y niñas respiran un aire tan contaminado que su salud y desarrollo se ven en grave peligro. La OMS calcula que, 600 000 niños y niñas murieron en 2016 por infecciones respiratorias agudas provocadas por la contaminación del aire. El informe destaca que «más del 40% de la población mundial (que incluye a mil millones de niños y niñas de menos de 15 años) está expuesto a altos niveles de contaminación del aire en sus hogares, provenientes principalmente de cocinar con combustibles y tecnologías contaminantes».

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Realizado por Antonio Villanueva
Ingeniero Obras Públicas, esp. Construcciones Civiles
Técnico Superior Calidad Ambiental de Interiores (TSCAI)
Fuentes: FEDECAI, ONU, OMS